A un clic —o a un comando— de perder millones
Anna Aguilar, VP Comercial de Adyen México, habla sobre cómo el auge de los agentes de inteligencia artificial redefine la confianza digital y obliga al comercio a replantear la prevención del fraude.
Durante años, los comercios diseñaron sistemas para responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿quién está del otro lado de la pantalla? Construyeron mecanismos para autenticar identidades, detectar comportamientos inusuales y frenar intentos de fraude. Sin embargo, esa lógica está cambiando.
México es una sociedad cada vez más digital. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 104.9 millones de personas utilizan internet, lo que representa el 86.1% de la población de seis años o más, mientras que 31.1 millones de hogares cuentan con acceso a la red. En este contexto, la siguiente evolución del comercio no consistirá únicamente en vender más a través de canales digitales, sino en operar en un entorno donde las compras podrán iniciarse, negociarse y ejecutarse mediante agentes de inteligencia artificial.
Ese crecimiento también ha ampliado la superficie de riesgo. De acuerdo con The Competitive Intelligence Unit (The CIU), con base en información de la Secretaría de Hacienda, en 2024 se registraron alrededor de seis millones de fraudes cibernéticos en México, con pérdidas superiores a 20 mil millones de pesos.
El Retail Report 2026 de Adyen muestra que el uso de asistentes de inteligencia artificial entre consumidores mexicanos pasó de 15% a 42% en apenas un año. Además, el 52% de los millennials está dispuesto a permitir que la IA gestione todo su recorrido de compra, mientras que el 83% de los retailers está abierto a que estos agentes completen transacciones en nombre de los consumidores y el 42% considera esta tecnología una prioridad para los próximos 12 meses.
Ese escenario transforma la conversación sobre la confianza digital. El reto ya no será únicamente verificar que quien realiza una compra es una persona legítima, sino confirmar que un agente de inteligencia artificial está autorizado para actuar en su nombre, respetando las preferencias, los límites y las reglas definidas por el consumidor.
Y el momento para plantear esta conversación no podría ser más oportuno.
De acuerdo con el Reporte de Fraude 2026 de Adyen, el fraude amigable o de primera parte ya representa una de las formas de abuso más frecuentes para las empresas, con una incidencia del 44.3%. A ello se suman las cuentas falsas y el abuso de perfiles (42.2%), así como el abuso de promociones y políticas comerciales (39.8%).
Estos datos revelan un cambio de fondo: el fraude dejó de concentrarse únicamente en vulnerar sistemas tecnológicos para comenzar a explotar la confianza que los comercios depositan en usuarios aparentemente legítimos. Es decir, las reglas del negocio se han convertido en nuevos flancos de ataque.
Ahora imaginemos ese mismo escenario en un ecosistema donde los consumidores delegan decisiones de compra en agentes inteligentes.
La conversación suele centrarse en las oportunidades: experiencias hiperpersonalizadas, compras más rápidas o asistentes capaces de encontrar el mejor producto al mejor precio en segundos. Pero pocas veces hablamos de la otra cara de la moneda.
El verdadero desafío no será que una inteligencia artificial compre por nosotros. Será distinguir entre un agente autorizado y uno diseñado para explotar el sistema.
Los comercios tendrán que responder preguntas inéditas. ¿Cómo comprobar que un agente realmente actúa en nombre de un consumidor? ¿Cómo garantizar que opere dentro de los límites predeterminados por el cliente? ¿Cómo evitar que miles de agentes adquieran simultáneamente el inventario de un lanzamiento altamente esperado en cuestión de segundos?
Por eso, el agentic commerce no crea una nueva categoría de fraude. Lo que hace es amplificar e industrializar escenarios que las empresas ya enfrentan hoy. La diferencia es que ahora podrán ejecutarse con una velocidad, una escala y una capacidad de adaptación sin precedentes.
Cada transformación del comercio ha obligado a redefinir la confianza. Ocurrió con las tarjetas bancarias, con el comercio electrónico, con los pagos móviles y con las billeteras digitales. La llegada de los agentes inteligentes representa el siguiente gran cambio.
La próxima ventaja competitiva del retail no será vender con inteligencia artificial. Será construir la confianza necesaria para hacerlo.
Porque, al final, la pregunta seguirá siendo la misma: ¿quién está del otro lado de la pantalla? La diferencia es que la respuesta ya no siempre será una persona.



