
En el periodismo de negocios uno aprende a desconfiar de los extremos. Esta semana, dos titulares sobre el mismo sector parecían hablar de universos paralelos, escenarios distintos tanto para Liverpool como para El Palacio de Hierro.
Por un lado, Modaes celebraba el 24 de noviembre que Las tiendas departamentales de Latinoamérica crecen un 16% hasta septiembre. Tres días más tarde, El Financiero advertía que Liverpool, Sanborns y Palacio de Hierro lidian con mayores gastos y menos ganancias.
¿Quién tiene razón? Ambos, aunque cada uno ilumina una parte distinta del escenario. Entre lo que deslumbra y lo que preocupa, se abre una grieta que explica mejor que cualquier cifra el presente de Liverpool y El Palacio de Hierro: crecer ya no basta; ahora hay que justificar cada peso ganado.
Modaes: el brillo regional de México
La mirada de Modaes es panorámica y, desde esa altura, Latinoamérica vive un buen momento. Los cinco grandes grupos —Falabella, Cencosud, Liverpool, Ripley y El Palacio de Hierro— acumulan una facturación de 35,244 millones de dólares, un avance de casi 16% frente al año anterior. En ese paisaje, México aparece como un motor de expansión.
Liverpool despuntó con un crecimiento de 60.5%, mientras que El Palacio de Hierro avanzó 12.4% y consolidó ventas por encima de los 2,000 millones de dólares. El relato es luminoso: el consumidor latinoamericano volvió a las tiendas, el ingreso repunta y las departamentales recuperan terreno perdido.
Pero incluso dentro del optimismo, Modaes deja caer un matiz esencial: aunque venden más, los grupos mexicanos son los únicos que ganan menos. No es un detalle menor, sino la clave para entender por qué la lectura de El Financiero —a simple vista más sombría— en realidad completa el panorama.
El costo oculto del crecimiento
El Financiero no mira desde arriba, sino desde dentro. Su análisis parte de un hecho simple: las departamentales mexicanas sí venden más, pero cada peso cuesta más trabajo.
Liverpool registró ingresos al alza en los primeros nueve meses del año, pero su utilidad cayó 29%. ¿La razón? Una combinación de mayores gastos operativos, un deterioro en la cartera de crédito —con una morosidad que sube a 4.4%—, costos logísticos presionados por la transición hacia la Plataforma Arco Norte y un consumidor que estira el presupuesto más allá de lo previsto.
El Palacio de Hierro, aunque con mejor control operativo, tampoco esquiva la realidad. Creció 11.3% en ventas y mejoró su EBITDA, pero aun así su utilidad se contrajo 4%. La empresa reconoce que necesita optimizar procesos, reducir desperdicios y apoyarse más en tecnología para sostener márgenes que ya no se defienden solos.
Desde esta perspectiva, el crecimiento deja de ser sinónimo de bonanza. Es más bien un ejercicio de resistencia: vender más implica gastar más, financiar más, arriesgar más y, en ocasiones, ganar menos.
Entre la euforia y la advertencia
El aparente choque entre Modaes y El Financiero no es una contradicción, sino un recordatorio de que el retail vive siempre en dos planos simultáneos. Modaes habla del tamaño, de la capacidad de facturar a una escala que coloca a México como un protagonista regional. El Financiero habla del esfuerzo, de la presión que implica sostener ese tamaño sin sacrificar la rentabilidad.
Liverpool y El Palacio de Hierro encarnan esa doble verdad. Son líderes en ingresos, pero también los que más han visto erosionada su utilidad. Sus contrarios chilenos —Falabella, Cencosud, Ripley— no crecen tan rápido, pero ganan mejor. Mientras unos corren para vender más, otros avanzan más lento pero con márgenes robustos.
La lección es contundente: el problema del retail mexicano ya no es crecer, sino crecer de manera rentable. Entre un titular que celebra y otro que advierte se encuentra la verdadera historia, esa que rara vez cabe en una sola frase. Y es ahí, en ese espacio incómodo, donde se decidirá si Liverpool y Palacio están construyendo un futuro sostenible o sólo sosteniendo, con esfuerzo creciente, el brillo del presente.



