
No basta con aplaudir los informes ESG
Una dirección dependiente del Ministerio de Economía Francés multó a SHEIN con más de 1,186 millones de dólares por no informar sobre la presencia de microfibras plásticas en 732 productos vendidos en el mercado francés.

Las empresas hablan. Publican informes con siglas que prometen responsabilidad ambiental, justicia social y buen gobierno corporativo: ESG. Pero cuando los hechos contradicen ese discurso, el velo se cae. Un ejemplo reciente es la sanción a SHEIN en Francia, que revela cómo una marca puede presentarse como comprometida con el planeta y, al mismo tiempo, omitir información ambiental básica al consumidor.
La Direction Générale de la Concurrence, de la Consommation et de la Répression des Fraudes (DGCCRF) multó a SHEIN con más de 1,186 millones de dólares por no informar sobre la presencia de microfibras plásticas en 732 productos vendidos en el mercado francés. La ley exige desde enero de 2023 que los productores y comercializadores adviertan sobre los efectos ambientales de los textiles con más del 50% de fibras sintéticas. SHEIN no cumplió.
Al mismo tiempo, la empresa publicaba su Informe de Sostenibilidad e Impacto Social 2024, destacando avances en auditorías a proveedores, programas sociales y mejoras en reciclaje textil.
Cuando el modelo de negocio contradice la sostenibilidad
SHEIN ha perfeccionado un sistema de producción acelerada, basado en inteligencia artificial, que lanza miles de productos diarios, con tiempos de diseño y fabricación de apenas días. Este modelo no sólo impulsa el hiperconsumo global, también concentra su producción en China desde donde se distribuye ropa a 150 países, mayormente por vía aérea.
En su informe de 2024, SHEIN destaca acciones para reducir su impacto: una hoja de ruta aprobada por la iniciativa Science Based Targets (SBTi), medidas para aumentar el uso de energía renovable (que ya representa el 76% de su consumo eléctrico) y una reducción total de 884,303 toneladas métricas de CO₂ en los tres alcances de emisiones. También menciona innovaciones en procesos productivos que han permitido ahorrar agua y químicos, aumentar el uso de materiales reciclados y mejorar la eficiencia en la manufactura.

A pesar de ello, más del 75% de sus telas siguen siendo de poliéster, un material que libera microplásticos en cada lavado, y su modelo sigue basado en la velocidad, el volumen y el bajo precio. No obstante, en su informe de 2024, dijo que el 12.1% del poliéster reciclado adquirido directamente para productos de marca SHEIN provino del reciclaje textil-a-textil, un porcentaje bajo si consideramos el volumen de su operación
El 60% de su huella de carbono proviene de su cadena de suministro, y el transporte aéreo sigue siendo predominante. Mientras tanto, sus precios bajan, su volumen crece y su narrativa de sostenibilidad se vuelve más sofisticada.
El problema no es sólo una marca, sino un sistema que permite que las empresas construyan relatos verdes sin modificar de fondo el impacto de sus operaciones. Las reglas actuales permiten la autorregulación, la selección parcial de datos y la gestión reputacional sin consecuencias tangibles.
Un camino posible: pasar de los informes a las obligaciones
En ese contexto, resulta alentador el avance de propuestas como la Fashion Sustainability and Social Accountability Act en el estado de Nueva York. Esta legislación busca establecer reglas claras, obligatorias y verificables para las empresas de moda que operan en uno de los mercados más grandes del mundo.
La ley propone que las marcas:
- Conozcan y hagan pública su cadena de suministro, desde el origen de las materias primas.
- Sean responsables de los impactos sociales y ambientales que generan, mediante un marco legal de debida diligencia.
- Establezcan y cumplan metas de reducción de emisiones conforme al Acuerdo de París.
- Trabajen con sus proveedores para gestionar adecuadamente el uso de químicos.
- Garanticen condiciones laborales dignas y mecanismos legales para que las trabajadoras puedan reclamar sus derechos.
- Sean sancionadas económicamente si no cumplen, destinando esos fondos a la reparación del daño ambiental y social.
Es una legislación que no sólo apunta a corregir excesos, sino a nivelar las condiciones del mercado, premiando a quienes ya están haciendo las cosas bien y obligando a los demás a elevar sus estándares. No basta con aplaudir informes ESG: se necesita hacerlos exigibles, medibles y vinculantes.
La sostenibilidad no puede seguir siendo opcional
Mientras la industria de la moda siga sin regulación firme, su impacto seguirá creciendo. No se trata de detener la innovación o el comercio, sino de hacerlo con responsabilidad. Si marcas como SHEIN quieren seguir vendiendo al mundo, deben hacerlo bajo reglas claras que antepongan a las personas y al planeta frente a la ganancia inmediata.
Pasar de los informes a la acción es posible. Y legislar con visión de futuro, como propone Nueva York, es un primer paso hacia una moda verdaderamente responsable. Una moda que deje de ser parte del problema y comience a ser parte de la solución.
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