
Amazon destrona a Walmart en Fortune y acelera la carrera tecnológica
Opina Darinel Becerra, periodista de negocios, sobre cómo el relevo entre Amazon y Walmart en el Fortune 500 marca el inicio formal de una nueva carrera tecnológica basada en infraestructura, inteligencia artificial y escala financiera.

La carrera tecnológica en el retail dejó de ser una metáfora. Hoy tiene coordenadas bursátiles, órbita baja y un código que corre en milisegundos. El reciente movimiento de Walmart al Nasdaq no es un simple cambio de ventanilla financiera; es una declaración formal de que la compañía quiere ser leída —y valuada— como lo que está construyendo: una plataforma tecnológica con músculo logístico global.
Infraestructura antes que anaqueles
Amazon entendió antes que nadie que el retail sería un subproducto de su arquitectura tecnológica. Su cuarto trimestre de 2025 —213,400 millones de dólares en ventas, +14% interanual— fue impulsado por tres motores: AWS creciendo 24%, publicidad 22% y comercio electrónico apoyado en un fulfillment cada vez más veloz. Pero el dato que realmente importa es el aumento de 50,700 millones de dólares en propiedad y equipo en un año, mayormente destinado a inteligencia artificial e infraestructura. Para 2026, la guía es invertir alrededor de 200,000 millones de dólares en capex. Esa cifra no es defensiva; es ofensiva.
AWS aportó 12,500 millones de dólares en utilidad operativa trimestral. Sus chips Trainium y Graviton ya superan los 10,000 millones de dólares en tasa anual combinada y crecen a triple dígito. Rufus, su asistente de compras basado en IA, genera 12,000 millones de dólares en ventas. Y mientras el consumidor recibe su pedido el mismo día —servicio que creció casi 70% en EE.UU.—, la compañía despliega satélites y clústeres de cómputo para sostener la próxima generación de IA agentic: sistemas que no solo recomiendan, sino que ejecutan.
Ahí está la verdadera frontera.
Walmart: reinvención con caja y escala
Sería un error leer el ascenso de Amazon como la caída de Walmart. Ocurre lo contrario. Si Amazon hoy lidera el Fortune 500, es porque durante más de una década obligó a Walmart a reinventarse. Bajo una nueva generación directiva, la empresa dejó de pensar como minorista tradicional y comenzó a tolerar el error como parte del proceso de innovación. El resultado: en su último trimestre reportó ingresos por 190,700 millones de dólares (+5.6%) y un crecimiento global de eCommerce de 24%, con 27% solo en EE.UU. Su negocio publicitario en ese mercado avanzó 41% y la utilidad operativa subió 10.8%.
Walmart no solo crece; sofistica su modelo. Automatización, inteligencia artificial en inventarios, aceleración de entregas desde tienda (+50%), expansión internacional vía China, Walmex y Flipkart. Su capitalización supera el billón de dólares y acaba de autorizar recompras por 30,000 millones. No es el perfil de una compañía en declive, sino el de una que genera caja suficiente para financiar su transición tecnológica.
La rivalidad que redefine el retail
La diferencia estructural radica en el punto de partida. Amazon nació digital y construyó retail sobre cloud, chips y data centers. Walmart nació físico y digitaliza sobre una red de activos logísticos y proximidad territorial sin paralelo. Uno monetiza infraestructura como servicio; el otro convierte cercanía física en nodo tecnológico.
El movimiento a Nasdaq refuerza ese mensaje: Walmart quiere competir en la misma conversación que las big tech, no solo en la de los supermercados. Y la respuesta implícita de Amazon al aceptar —y capitalizar— su nuevo lugar en Fortune es clara: esta es una carrera de largo plazo donde el liderazgo se mide tanto en ingresos como en capacidad de reinversión.
Entre 2018 y 2025, Amazon creció aproximadamente tres veces más rápido que Walmart de forma acumulada. Pero Walmart avanza en los segmentos correctos: digital, publicidad, membresías, automatización. La brecha no es de visión, sino de velocidad tecnológica.
La rivalidad ya no es solo por participación de mercado. Es por quién construye primero la infraestructura capaz de soportar IA autónoma, pricing dinámico en milisegundos, cadenas de suministro que se recalibran solas y marketplaces que negocian inventarios sin intervención humana.
La carrera ya comenzó. Y esta vez, el podio no se define en la caja registradora, sino en los centros de datos, en los chips propios y en la capacidad de convertir cada clic en inteligencia accionable a escala global.
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