Opinión

NOM-051: cuando una etiqueta puede cambiar la decisión de compra

Mario A. Esparza, experto en comunicación digital y reputación corporativa, analiza cómo el etiquetado frontal ha cambiado la relación de los consumidores con la información nutricional.

Durante años, las etiquetas nutrimentales fueron un elemento prácticamente invisible para la mayoría de los consumidores. Tablas con letras diminutas, porcentajes difíciles de interpretar y términos técnicos convertían la información en un ejercicio reservado para especialistas. La entrada en vigor de la NOM-051, que incorporó el etiquetado frontal de advertencia en alimentos y bebidas en México, cambió esa lógica: hoy, un simple octágono negro puede influir en una decisión de compra en cuestión de segundos.

Más allá del debate entre regulación y libertad de mercado, la evidencia muestra que el etiquetado frontal cumple uno de sus principales objetivos: hacer comprensible la información nutricional para el consumidor promedio.

El estudio regional de Netquest, Cuando las etiquetas deciden. El impacto real de las regulaciones alimentarias en los consumidores, realizado en cinco países de América Latina —México, Colombia, Perú, Chile y Argentina— con más de 5,000 entrevistas, revela que el 98% de los participantes identifica correctamente que los sellos representan advertencias nutricionales. Además, 7 de cada 10 consumidores consideran que los octágonos son claros y útiles para orientar sus decisiones de compra. Estos datos demuestran que la simplicidad del mensaje supera la complejidad de las tablas nutrimentales tradicionales.

Sin embargo, conocer la información no siempre significa modificar el comportamiento. El estudio de Netquest muestra que 1 de cada 2 personas consulta los sellos al momento de comprar, mientras que el 62% afirma haber realizado algún cambio en su alimentación como consecuencia del etiquetado. La reducción en el consumo de azúcares, reportada por el 78% de los participantes, y de grasas, por el 57%, son los cambios más frecuentes, seguidos de una mayor incorporación de productos saludables y de origen natural.

En el caso mexicano, los resultados ofrecen un matiz interesante. Aunque el impacto declarado sobre los hábitos es ligeramente menor que en otros países de la región, México destaca porque los consumidores otorgan menor importancia al precio frente a la información nutricional y reportan cambios relevantes en la alimentación de niños y niñas. Este aspecto es particularmente significativo en un país donde el sobrepeso y la obesidad infantil representan uno de los mayores desafíos de salud pública.

Lo que ha cambiado en México

La NOM-051 también ha transformado la manera en que las empresas diseñan sus productos en territorio nacional. El 79% de los consumidores percibe que las marcas modificaron sus estrategias de comunicación o sus empaques, mientras que casi 7 de cada 10 consideran que las instituciones públicas, los fabricantes y los profesionales de la salud deben compartir la responsabilidad de promover una alimentación saludable. Al mismo tiempo, el 93% considera necesario fortalecer las campañas de educación nutricional, lo que evidencia que el etiquetado, por sí solo, no basta.

Quizá el hallazgo más importante del reporte de Netquest es que una regulación nunca opera de forma aislada. Las etiquetas funcionan mejor cuando se acompañan de información, educación y comunicación constante. De hecho, el estudio identifica que los medios de comunicación y las propias marcas han sido las principales fuentes que han ayudado a los consumidores a interpretar el significado de los sellos, incluso por encima de las campañas gubernamentales.

Cabe destacar que la NOM-051 no pretende decirle al consumidor qué comprar, sino ofrecer datos claros para decidir con mayor conciencia. En una época en la que la información compite por segundos de atención, la simplicidad se convierte en un instrumento de salud pública.

El verdadero reto del etiquetado frontal ya no consiste únicamente en colocar un octágono negro sobre un empaque, sino en construir una cultura alimentaria en la que esa advertencia sea el inicio de una decisión mejor informada y no el final de la conversación.

A un clic —o a un comando— de perder millones

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